8/3/14

Plan lector: Los días del carbón

Los días del carbón

Rosa Cerna Guardia

Carbón es negro como la noche. Me lo trajó mi padre una tarde de lluvia bajo el poncho y me lo echó a los pies como si me tirara un copo de lana negra, tibia y esponjosa, mientras mi madre calentaba la comida y el agua resbalaba en los tejados.

Apenas cabía en la palma de mis manos. No se movió. Estaba aterrado, solo su hociquito húmedo, ansioso de comida, cambió de sitio.

Afuera, tronaban los rayos y parecían meterse dentro de la casa. Lo escondí entre los pliegues de mi  falda después de que tomó su sopa y ambos nos quedamos dormidos junto al fuego.

Me parece que en sueños le puse el nombre de Carbón. ¿Qué otro nombre podía quedarle más a tono con su tamaño, su forma y la noche oscura en que llegó?

Carbón es un cahorro como pocos. Más que su pura sangre está en él el suelo con que vino.

Llévate el mejor para tus hijos -le había dicho a mi padre un amigo de la infancia-.

Mi padre eligió a Carbón.

La presencia de carbón entre nosotros acerca la visión de aquel amigo, aunque Pedro y yo no los conocemos; él -Carbón- ha de mantenernos unidos para siempre.

¡Esto es tan grato!

-La infancia es el mejor momento para encontrar amigos.

Yo tengo mis dudas. No sé si Teresa, Lucha, Juanita o Carmen y los chicos que juegan con perros han de durarnos toda la vida, si a cada instante peleamos por tantita cosa.

-Así es la infancia. Y esa es la clase de amistad que nos dura toda la vida, dice mamá, abrazándome.

Carbón, entre nosotros, ahora que ha pasado todo, dime, ¿no nos oías cuando tanto te llamábamos día y noche, noche y día?

¿No?
¿No llegaban nuestras voces hasta donde tú estabas?
¡Es raro!

Porque aquí el eco nos devuelve la palabra pronunciada enorme.
Enorme, y sigue creciendo detrás de las montañas.
Nunca nos perdemos, el eco nos encuentra.

¿No has oído que cuando el becerrito berrea buscando a su mamá, los cerros los ayudan a encontrarla?
Escucha:

-¡Carbón!
-¡Carbooooooooooón!

Ves, sigue vibrando tu nombre en todas partes, sonoro e inacabable. El eco en alguna forma se parece al espejo que nos devuelve la imagen, este nos devuelve el sonido, es más, el aire travieso que lo lleva y que lo trae se encarga de hacerlo crecer.

Sé que en algunas partes no existe el eco. ¡Qué pena debe dar!

La tierra dura y seca debe sentirse tan sola y vacía por no conocer la alegría espontánea del grito, por no poder acoger bajo su pecho la grandeza del sonido.

En cambio, aquí, el eco silba con los chicos de la escuela, canta con nosotros y es un estallido de carcajadas si reímos.

Dice papá que a veces el aire le trae a casa nuestras voces cuando jugamos o cantamos en la escuela. Se detiene a escucharnos como si escuchara su propio corazón cantando y gritando a la vida entre un mundo de recuerdos, entonces, piensa en nosotros, en todos los niños, y su trabajo es más ágil, más hermosos, más fructífero.

Plan Lector Primaria.

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